lunes, 31 de marzo de 2014

Ventana

Keane miró la ventana tratando de encontrar algo nuevo. Aunque la verdad es que no sabía qué era nuevo como para poder decirlo.

Se quedó contemplando diez minutos, quince minutos, media hora, una hora, tres horas y no había nada nuevo. Todo era una extraña y absurda rutina de la cual ya no sabía cómo salir de ella. ¿Y si sí pasaba algo y él era el único que no lo notaba?

Abrió la ventana al fin. Era el colmo de Keane, sino pensaba demasiado las cosas no las hacía. Pero ya era tiempo de hacer algo más.

Volvió a contemplar esperando de nuevo, sin saber qué esperar esta vez. Cambió la vista a su habitación y se percató que las sábanas se movían. ¿Y si jalaba las sábanas? Lo más probable es que nada pasara... y luego de tantas horas de mirar la nada, no había algo que lo hiciera cambiar.

Jaló la sabana y de ahí se quedó contemplando el cuerpo de esa hermosa chica vestida en pijama de franela y con el cabello revuelto. Se veía tan en paz y descansando. De pronto ella se empezó a mover victima del frío de la ventana abierta. Keane se dio cuenta y la cerró. Ella se hizo a un lado, balbuceó y de nuevo se quedó dormida.

Keane sonrió. Suspiró y se regresó a la cama de donde salió varias horas atrás victima de sus propios pensamientos. Cubrió a Rachel con las sábanas y se quedó contemplándola justo como cuando estaba viendo por la ventana.

¿Buscaba algo nuevo? Sí, pero no había recordado que no necesitaba buscar afuera si lo que más quería y lo que lo hacía sentir lleno estaba justo ahí, durmiendo y suspirando entre sueños.

Keane la miró por diez, quince, veinte segundos... y en un minuto estaba dormido junto con ella, soñando en la nueva aventura que tendrían juntos al día siguiente.